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lunes, 23 de noviembre de 2009

Hurón azul o la polémica a la pantalla


Hurón azul no es ninguna contravención a la lógica por un animal color añil. Primero fue el nombre que le dio a su casa y lugar de creación e inspiración Carlos Henríquez, reconocido pintor cubano de la primera década del siglo XX y autor, entre otras, de la obra El rapto de las mulatas. Pero, hace ya algunos años lo adoptó como identificación, Hurón Azul, un programa ideado por la realizadora Lizzette Vila y auspiciado por la UNEAC.
Aunque no me inclino por la crítica televisiva, vale la pena tener en cuenta este espacio cuando se trata de mencionar en Cuba asuntos que ganan el adjetivo de polémicos porque no forman parte de la línea editorial de otros medios, y aunque aparecen en el lenguaje cotidiano de la gente, tampoco se asumen en debates públicos, salvo en los congresos de los intelectuales.
Hace pocas semanas llevó a la televisión el reconocimiento a la obra y a los artistas que se desenvuelven por contratos de trabajo o porque han decidido afincarse en otros países. Desde que se anunció el tema, también aparecieron numerosos rostros casi desparecidos y olvidados de nuestras pantallas., como el de Beatriz Valdés, en una de las fotos aquí. Mientras, se escuchaban opiniones al respecto, en voces autorizadas como los protagonistas de Fresa y Chocolate, el cantante David Torrens y otros muchos, admitieron la necesidad de que se reconozcan a estos creadores, quienes han decidido emigrar por razones económicas o porque las limitaciones materiales impiden desarrollar las artes al nivel de los exponentes con que cuenta el país.
El más reciente del Hurón trató en torno al vestir en Cuba, no como culto a la moda o los estilos que se ven hoy en la calle, sino la depresión de la industria textil, el mal gusto y uniformidad de las ofertas en las tiendas (en cualquiera de las monedas) y la importancia de que este asunto se deje de ver como una frivolidad. Los intelectuales entrevistados analizaron con criterios sólidos las opciones que les quedan a los cubanos para cumplir esta necesidad básica. Igualmente, se comentó sobre la "cultura del vestir" en el país, donde algunos van elegantes a las playas y en short al teatro.

En este programa también se ha hablado sobre racismo y discriminación racial en la televisión nacional, periodismo cultural y análisis casuísticos de las manifestaciones artísticas. Más que un guión para llenar un tiempo televisivo, este roedor azulado parece encabezar o sugerir por dónde comenzar a debatir públicamente problemas que nos afectan, a partir de opiniones inteligentes y con un fin constructivo, enriquecedor.

jueves, 16 de abril de 2009

Cuba, más allá de mojitos y playa

Una frase más común dentro de mi país que fuera es que Cuba es La Habana y lo demás es área verde. Quizás esto complazca a los dos y medio millones de personas que viven en la capital, pero estoy segura que a los restantes casi 9 millones molesta, inquieta o como mínimo no están de acuerdo.
Por eso, una cuenta hasta 10 y se levanta de su asiento antes de reaccionar dramática o impulsivamente cuando aparecen algunos estereotipos que nos meten a todos los nacidos en este archipiélago en el mismo saco. Pero, sobre todo tampoco nos gusta a ninguno que se generalice a todos los habaneros por dos o tres que residen allá. Sabemos que vivir en una demarcación no es una condición sine qua non de muchas cosas. Entonces, preferimos dejar a un lado nuestras pequeñas diferencias y sentirnos parte de un asunto mayor que es la cubanía, la cubanidad, lo cubano...
En estos días existe un boom mediático sobre el probable, e incierto mientras no sea noticia con rúbrica mediante, levantamiento por parte de la Casa Blanca de las restricciones de los norteamericanos a viajar a Cuba. Y me llama la atención que las imágenes utilizadas para calzar las informaciones sean ilustraciones "fuera de foco", como dirían en el argot popular no sé si de Santiago de Cuba o La Habana. En ellas aparecen dibujos de los años ´50 ó ´60, de esos que quizás alguien recuerde de la revista Vanidades.
Y, como en materia de Comunicación casi nada es casual, me pregunto si con esto se busca retrotraer a esa época a los públicos consumidores de la información o hacer creer que en el Caimán no se ha avanzado casi nada y seguimos siendo un potencial destino turístico solo de mojitos, salsa y playas.
Para colmo de males, leí y me indignó mucho una lista de recomendaciones y "consejos útiles" supuestamente del Departamento de Estado a los estadounidenses que visiten la Isla. Mejor no recordarla y asumir que cualquier visitante por acá será bienvenido y que los cubanos no sabemos esconder la hospitalidad, la instrucción, ni el carácter sociable y guarachero que nos ha caracterizado siempre. Que conste que trato de no ser chovinista.

martes, 23 de diciembre de 2008

Cuba, una sola

Desde que tengo uso de razón, he escuchado decirle con burlas a quienes viven en el Centro y el Occidente de Cuba que en el resto del país se habla cantando. Mucho tiempo después me he dado cuenta que este es el menor de los estereotipos que sobre los orientales existen por allá, hasta el punto de que algunas personas oculten su lugar de origen o lo carguen como un sambenito.
Con las etapas más duras que ha atravesado el país, se incrementó la emigración del campo a las ciudades y de las provincias hacia la capital. Encima, el Gobierno se ha visto precisado a llevar a personas a cumplir diversas funciones que los habaneros esquivan o no desean asumir: maestros, policías, constructores, obreros, funcionarios... El asunto se ha complicado desde varios puntos de vista.
Asistir a un encuentro de béisbol entre los equipos de Industriales (Ciudad de La Habana) y Santiago hace lucir a los ocupandes del graderío como lo peor de la fauna agresiva. En particular, en el capitalino Latinoamericano, miles de aficionados locales gritan al unísono improperios a los visitantes y sus seguidores. Luego, los de La Habana hacen insuperables esfuerzos para jugar en los terrenos de otras provincias, cuando la multitud los insulta.
Los comentaristas insisten una y otra vez en llamar a la cordura de la afición y a conservar lo mejor del espíritu deportivo. Pero el entorno poco ayuda. Las ofensas veladas, y abiertas, cobran fuerza en los chistes de mal gusto de los espectáculos de humoristas. Los guionistas carentes de otros recursos apelan a reforzar estereotipos y se ponen de moda los personajes de guajiros mal vestidos y brutos. Hasta en algunos espacios infantiles de la tv comienzan a aparecer.
Para colmo de males, asistimos de brazos cruzados a la aparición frecuente ya de lamentables representaciones de orientales en los dramatizados de la TV. En las últimas telenovelas transmitidas aquí, se ha visto desde una guajira descocada y sin instrucción (Lucrecia, de Oh, La Habana); al bombero inepto y torpe ("el tunero", de Historias de fuego);: a la joven ladronzuela y arribista de una tienda (Mónica, de Polvo en el viento).
Para quienes sostienen estos esquemas, quizás sea un guiño pintoresco, sin malicia y a tono con lo que pasa en la calle, donde es cierto que existen alguno que otro de estos seres, pero con diversos lugares de nacimiento. Y esto no ocurre porque falten figuras paradigmáticas en las artes, el conocimiento, las ciencias, la Historia, de gente nacida al Este de La Habana.
Tal vez aparentemente se les reste importancia para no echar leña al fuego por aquello de "divide y vencerás". Pero, si no se detiene esta práctica, no dudo de que pronto haya que hacer aclaraciones publicas o impulsar campañas para desterrar prejuicios como los del racismo y la homofobia. Es mejor parar antes de que a los recién llegados a "la capital de todos los cubanos" se les comience a culpar también por las penetraciones del mar o la escasa variedad de helados en Coppelia.