
Hurón azul no es ninguna contravención a la lógica por un animal color añil. Primero fue el nombre que le dio a su casa y lugar de creación e inspiración Carlos Henríquez, reconocido pintor cubano de la primera década del siglo XX y autor, entre otras, de la obra El rapto de las mulatas. Pero, hace ya algunos años lo adoptó como identificación, Hurón Azul, un programa ideado por
la realizadora Lizzette Vila y auspiciado por la UNEAC.
Aunque no me inclino por la crítica televisiva, vale la pena tener en cuenta este espacio cuando se trata de mencionar en Cuba asuntos que ganan el adjetivo de polémicos porque no forman parte de la línea editorial de otros medios, y aunque aparecen en el lenguaje cotidiano de la gente, tampoco se asumen en debates públicos, salvo en los congresos de los intelectuales.
Hace pocas semanas llevó a la televisión el reconocimiento a la obra y a los artistas que se desenvuelven por contratos de trabajo o porque han decidido afincarse en
otros países. Desde que se anunció el tema, también aparecieron numerosos rostros casi desparecidos y olvidados de nuestras pantallas., como el de Beatriz Valdés, en una de las fotos aquí. Mientras, se escuchaban opiniones al respecto, en voces autorizadas como los protagonistas de Fresa y Chocolate, el cantante David Torrens y otros muchos, admitieron la necesidad de que se reconozcan a estos creadores, quienes han decidido emigrar por razones económicas o porque las limitaciones materiales impiden desarrollar las artes al nivel de los exponentes con que cuenta el país.
El más reciente del Hurón trató en torno al vestir en Cuba, no como culto a la moda o los estilos que se ven hoy en la calle, sino la depresión de la industria textil,
el mal gusto y uniformidad de las ofertas en las tiendas (en cualquiera de las monedas) y la importancia de que este asunto se deje de ver como una frivolidad. Los intelectuales entrevistados analizaron con criterios sólidos las opciones que les quedan a los cubanos para cumplir esta necesidad básica. Igualmente, se comentó sobre la "cultura del vestir" en el país, donde algunos van elegantes a las playas y en short al teatro.
En este programa también se ha hablado sobre racismo y discriminación racial en la televisión nacional, periodismo cultural y análisis casuísticos de las manifestaciones artísticas. Más que un guión para llenar un tiempo televisivo, este roedor azulado parece encabezar o sugerir por dónde comenzar a debatir públicamente problemas que nos afectan, a partir de opiniones inteligentes y con un fin constructivo, enriquecedor.
la realizadora Lizzette Vila y auspiciado por la UNEAC.Aunque no me inclino por la crítica televisiva, vale la pena tener en cuenta este espacio cuando se trata de mencionar en Cuba asuntos que ganan el adjetivo de polémicos porque no forman parte de la línea editorial de otros medios, y aunque aparecen en el lenguaje cotidiano de la gente, tampoco se asumen en debates públicos, salvo en los congresos de los intelectuales.
Hace pocas semanas llevó a la televisión el reconocimiento a la obra y a los artistas que se desenvuelven por contratos de trabajo o porque han decidido afincarse en
otros países. Desde que se anunció el tema, también aparecieron numerosos rostros casi desparecidos y olvidados de nuestras pantallas., como el de Beatriz Valdés, en una de las fotos aquí. Mientras, se escuchaban opiniones al respecto, en voces autorizadas como los protagonistas de Fresa y Chocolate, el cantante David Torrens y otros muchos, admitieron la necesidad de que se reconozcan a estos creadores, quienes han decidido emigrar por razones económicas o porque las limitaciones materiales impiden desarrollar las artes al nivel de los exponentes con que cuenta el país.El más reciente del Hurón trató en torno al vestir en Cuba, no como culto a la moda o los estilos que se ven hoy en la calle, sino la depresión de la industria textil,
el mal gusto y uniformidad de las ofertas en las tiendas (en cualquiera de las monedas) y la importancia de que este asunto se deje de ver como una frivolidad. Los intelectuales entrevistados analizaron con criterios sólidos las opciones que les quedan a los cubanos para cumplir esta necesidad básica. Igualmente, se comentó sobre la "cultura del vestir" en el país, donde algunos van elegantes a las playas y en short al teatro.
En este programa también se ha hablado sobre racismo y discriminación racial en la televisión nacional, periodismo cultural y análisis casuísticos de las manifestaciones artísticas. Más que un guión para llenar un tiempo televisivo, este roedor azulado parece encabezar o sugerir por dónde comenzar a debatir públicamente problemas que nos afectan, a partir de opiniones inteligentes y con un fin constructivo, enriquecedor.


