Mostrando las entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de abril de 2017

Fast and furious 8 en el Paquete

Le comento a una amiga emigrada en España que acabo de ver dos películas infantiles excelentes. Mis hijas casi me obligaron –felizmente para mí-. Le sugiero que busque Cigüeñas  (Warner Bros.2016) y Trolls (DreamWorks 2016) para su hijo de 10 años y fue veloz a descargarlas. Pero debía pagar. En internet no aparecen gratis. Los precios todavía altos. Mi amiga desistió por el momento, porque las vacaciones en cualquier lugar del mundo parecen demandar entretenimientos más económicos. Por ejemplo, descubrir los lugares interesantes y cercanos a su nuevo hogar.





Cigüeñas (Storks) generó polémica en las redes sociales durante su estreno, entre otros temas porque en rápidas secuencias casi al final, sugiere la existencia de familias más allá de la estructura convencial de un hombre y una mujer, y el derecho de cualquer pareja a adoptar un hijo. 

Yo me sentí un poco culpable pero también favorecida por la piratería. Quizás deba aclarar que estas películas, como casi todas las que veo llegan por el sistema de distribución en Cuba, alias el Paquete. A estas alturas de “su vida”, casi todos los millones de consumidores cubanos, dejamos a un lado el factor ético y celebramos la existencia de las memorias flash para poder disfrutar de los audiovisuales apenas arrancan en los circuitos mundiales de estreno. 



Fast and Furious 8, rodado el año pasado  con La Habana de fondo en buena parte de las escenas, llegó a los cines establecidos para su distribución la semana  pasada y ya nosotros la tenemos en casa. No soy seguidora de este tipo de films, pero después que su rodaje se convirtió en un suceso mediático y generó tanta polémica en estos lares, pasaré por el sacrificio de verla al menos para no estar detrás del palo.

La existencia del paquete es un secreto sotto voce. Hasta se le han dedicado investigaciones, mientras el ciudadano común –entre quienes me incluyo- celebra poder disfrutar de audiovisuales alternativos a la programación, generalmente aburrida, de la TV Cubana.

viernes, 7 de agosto de 2015

¿Y tú qué serie sigues?

A veces me siento "detrás del palo" con algunas conversaciones importantes -a juzgar por la contundencia de algunos criterios y la gravedad con que se exponen- hasta que caigo en la cuenta del tema y respiro aliviada. Las series televisivas, principalmente norteamericanas, acaparan los asuntos de los que hablan muchas personas a mi alrededor. El non plus ultra: Juego de tronos. Un colega me dijo con tremenda firmeza que debía verla solo por el hecho de no estar desactualizada con un fenómeno que atrapa a millones de personas en el mundo o por la calidad artística del producto audiovisual. Pero no pude pasar del primer capítulo.
Más que los tópicos fantásticos y el ambiente de época medieval (que me gusta) en este caso no me atrapan porque ya comprobé que las series no son lo mío. Ni El Barco, ni Prison Break, ni Persona de interés, ni un largo etc que llegan cada semana por medio del Paquete me obligan a estar pendiente de la salida de la última temporada o el capítulo siguiente. Yo me quedo con el cine y la hora y media de duración  de las historia, un poco más también.
Claro con Esposas desesperadas y Anatomía de Grey me sucedió otra cosa y terminé pendiente de sus personajes. Los guiones de ambas producciones me "engancharon" y las sigo, pero no como si en ello me fuera la vida. Ocasionalmente  y si los horarios en que los transmite la TVCubana me dejan. Obviamente, estas no son de las historias que llegan en el "Paquete Semanal". Es tremendo consuelo ver que no soy la única a quien les gustan. También tienen sus cientos de miles de espectadores. Menos mal porque ya me estaba sintiendo "rarita" con mis gustos en materia de entretenimiento en la era audiovisual.
La Televisión Cubana suele estar al día con muchas de estas series, aunque las transmite en horarios incómodos para quienes no podemos darnos el banquete de dormir la mañana. Aun así las seguimos, sobre todo por la escasez de producciones de calidad. Igual argumento esgrimen los seguidores más cercanos del Paquete.

viernes, 20 de febrero de 2009

Me voy al cine


A los cubanos nos gustan las películas cubanas. Está bien. No todas. Pero, nos gusta reír de chistes que entendemos bien, ver nuestras ciudades (casi siempre La Habana, por cierto), identificarnos con algún personaje en la pantalla y hasta copiarnos alguna que otra frasecita del habla popular.
La escasa solvencia económica del país nos ha impedido una producción cinematográfica abundante. Por eso, a las pocas que se realizan cada año, les exigimos el máximo y un estrecho margen para la equivocación.
Después de ver Fresa y Chocolate hace 15 años ya, comprendí con exactitud el significado de la expresión muy socorrida: "ha marcado un antes y un después". Tanto como Jorge Perugorría, su protagonista, no ha hecho otro personaje que supere la trascendencia de su Diego, tampoco recuerdo algún filme nacido aquí que haya traspasado los cristales de los cines o no sea más que un rato hilarante y a veces burlesco.
Pude ver con atraso Habana Blues, que se me unió al estreno de El cuerno de la abundancia, y lejos de entretenerme o cumplir cualquiera de los propósitos del séptimo arte, quedé preocupada en si solo eso nos aguardaría en lo sucesivo cuando viéramos las demandadas películas cubanas.
De la misma forma en que las producciones de otros países, y los géneros, tienen sus clichés, me preguntaba si la fórmula chistes+ mulatos y mulatas+ sexo es lo que nos identifica, y nos seguirá identificando, cuando se hable de cine nacinal.
Sin embargo, y por fortuna, acabo de ver Los dioses rotos y, sin prescindir del anterior esquema, encuentro la historia bien tratada, atractiva, con encomiables actuaciones, excelente fotografía... El tema por sí solo invita. El mito de Yarini, célebre proxeneta de la Cuba de inicios del siglo XX, como hilo conductor para tratar el tema actual de la prostitución, pasear por La Habana que no aparece en las postales turísticas y el inevitable amor-pasión, constituyen una garantía para los cinéfilos, aderezados por una estética innegable.
Claro, el reparto no se puede tan solo mencionar. La presencia de Silvia Águila, Héctor Noas e Isabel Santos, aseguran por sí solos la complicidad de los espectadores que los acogen con una predisposición positiva. En fin, respiro con tremendo alivio cuando veo la calidad de Los dioses rotos y espero que también quede roto el camino trillado por donde andaban nuestras películas.

jueves, 4 de diciembre de 2008

La Habana es una película

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se desarrolla en La Habana cada diciembre, es una fiesta. Eso se sabe desde su propio nombre. Pero, lo que se conoce poco es que para estos 10 días muchas personas se preparan durante todo el año. No solo desde el punto de vista institucional, sino desde la casa.
Cientos de periodistas, artistas, cinéfilos, faranduleros... llegan a la capital de Cuba desde todos los rincones del archipiélago para vivir la emoción de cruzarse por la calle con la actriz Arianna Gil, asistir a un concierto de Fito Páez, compartir butacas en un cine con la actriz cubana Isabel Santos o acudir a la conferencia de prensa del cineasta peruano Francisco Lombardi. Todos ellos participantes varias veces a lo largo de estos 30 años.
Otros acuden para agenciarse algún autógrafo de los actores Benicio del Toro o Rodrigo Santoro; quizás tan solo para escribir en su diario personal que fueron testigos del momento más importante del séptimo arte en Cuba. Todo eso vale, por supuesto.
En las universidades, generalmente en sus facultades de humanidades, se gesta un movimiento de festivaleros. Algunos osados, inquietos agarran su mochila y viajan, en trotes aventureras hacia La Habana, al amparo de alguna tía, amigo o conocido que le permita pernoctar. Y, jóvenes al fin, quién le recuerda a un cinéfilo festivalero que los huracanes han hecho estragos serios en los abastecimientos. Ellos parafrasean al eterno joven Benedetti, "con sábanas qué bueno, sin sábanas da igual".