miércoles, 28 de octubre de 2009

Coches a galope


Antes de la década del 90, los coches o vehículos tirados por caballos pasaban como un detalle pintoresco dentro del paisaje provinciano de Bayamo o alguna que otra ciudad del interior de Cuba. Pero, cuando el período especial se hizo sentir de verdad, la gente se lanzó de bruces a buscarle solución a las carencias. Desde latas de cerveza o refresco convertidas en vasos, hasta echar los cascos de jabón dentro de una media a modo de detergente para lavar.
El transporte, una de las principales víctimas de las necesidades, parió no pocas respuestas, algunas casi risibles. Las más se han quedado, como los bicitaxis y los citados coches, muy muy diferentes al medio de transporte con que se identifica este vocablo en España, por ejemplo. Y ya no son patrimonio bayamés, sino cubano.

Muchas veces este medio de traslado de personas ha constituido blanco de críticas extremas o justas. Entre ellas han sobresalido, por ejemplo, la defensa de personas sensibles al maltrato del cual son objeto los nobles animales (por demás instrumento de trabajo), el mal olor de las piqueras o la exigencia de recoger en un saco las heces de los caballos para no regarlas por las calles.
La necesidad nos ha llevado a un punto en el que casi debemos dar las gracias cuando un cochero nos para. Es decir, a veces tengo la percepción de un olvido por su parte de que su negocio subsiste, no solo por la escasez de combustible o de guaguas, sino por los ciudadanos de a pie que optamos por ellos y que pagamos el "favor", sustentado gracias a la demanda.
Esta labor por cuenta propia nació y se ganó un espacio para ayudar a resolver la limitación de transporte. Pero, con las carencias muchas veces los conductores esperan por el mejor postor que les alquile o pague el pasaje completo; o se creen dueños de las vías para violar las leyes del tránsito tranquilamente.
No obstante, a pocos se nos ocurriría prescindir de ellos en las ciudades y pueblos del interior del país, porque más que complementar el servicio de transporte público, llevan a galope el peso del traslado cotidiano de miles de cubanos.

7 comentarios:

Lola dijo...

Muy bonito como lo cuentas, Iris.
Me he quedado un poco asombrada por ese medio de transporte y no se ni que decirte. Me figuro que las cosas se pondrán en su sitio en un futuro no muy lejano pero de una manera o de otra todos estamos notando esta crisis que nos corroe.
Un beso Lola

El sitio de Iris dijo...

Bueno, Lola, si te contara de las ocurrencias por acá para escapar, o atenuar las crisis... Esperemos por salir pronto de esta. Gracias, como siempre y un abrazo.

Marilú Hernández dijo...

Hola,
Pues te confieso que cuando adolescente y aún sin Perído Especial me daba mucha pena que me vieran montada en un coche, ahora lo prefiero, siempre voy sentada, lo miro todo y cojo aire puro. A mí me han ayudado much;isimo, cuando los ni;os eran pequeños, hasta podía cargar su coche sin dificultad alguna, en cambio en ómnibus, ufffff.
Un beso y nos vemos el lunes

Lola dijo...

Iris: Podrias, por favor decirle a Yolanda de Yo Cuba que no puedo entrar en su blog porque me dicen que la entrada es restringida y yo no estoy invitada? Esto es nuevo para mi porque hasta ahora nos hemos comunicado sin problemas. Dile por favor que me ponga algo en mi blog. Gracias y un beso de Lola

El sitio de Iris dijo...

Lola, misión cumplida. Para mí fue un placer servirles de puente, según la palabra utilizada por Yolanda cuando me agradeció. Ella y yo nos conocemos desde la Secundaria, en Holguín, luego hicimos la misma carrera en la Universidad de Oriente. Esta fue una oportunidad para comunicarnos. Chao. Besitos, Lola.

Tunas-Cuba-Sao-Paulo dijo...

En décadas anteriores los coches adornaban, embellecían las ciudades cubanas, eran lindos, los encontraba yo, elegantes y qué decir de sus sonidos en las madrugadas, aquellas campanitas que algunas veces nos despertaban. Los caballos eran cuidados, se veían saludables y descansados. Infelizmente al pasar el tiempo la mayoría desaparecieron y dieron lugar a las famosas "pachangas" que entre jabas, bolsos, racimos de plátanos, animales, gentes...circulan hoy por las calles tuneras, las campanitas se perdieron también y en algunos casos, esta vez, oímos ritmos de dudosos gustos, ¿qué hacer? Hay que seguir driblando las hoy, agudas, faltas de transportes colectivos

El sitio de Iris dijo...

Jorge, la imagen de los coches que casi todos tenemos desde el pasado son los de época que solo aparecen ahora en las telenovelas del siglo XIX o en los polos turísticos donde se les presta ese servicio a quien puede pagarlo bien caro. Los otros, las pachangas, son una necesidad que espero sean sustituidas algún día por el transporte colectivo, público, abundante, donde todos viajen sentados, o casi todos, vaya... y que pase cada un corto tiempo por las paradas. Nos vemos.