viernes, 31 de octubre de 2008

Preocupación por las lenguas

La práctica demuestra que las lenguas nacen y mueren. Pero, su deceso no había experimentado la velocidad que alcanza hoy día. La alborada del Tercer Milenio ha revivido una preocupación no tan nueva: la muerte de 10 lenguas cada año y la expansión del inglés con la marcada meta de la uniformización del pensamiento a escala mundial. Con cada desaparición muere una cultura.
La informatización e Internet han ayudado a la certeza del peligro. El hecho de que no pocos hispanoparlantes, relacionados con las computadoras, hoy le llamen chatear a las conversaciones en línea o software a los programas, hace fruncir el ceño de los protectores del español como sello de identidad. De otros vocablos como taxi, hotel y últimamente shopping nada ha permitido librarnos. Simultáneamente se discute la prevalencia del inglés en el número de páginas de la red relacionada con el poder. El asunto no es tan sencillo.
Cuando Woodrow Wilson, ex presidente de Estados Unidos, logró que en 1919 el Tratado de Versalles entre los aliados y alemanes se redactara en inglés y francés, el anglo se impuso en la diplomacia, las relaciones económicas, los medios de comunicación hasta devenir una amenaza sutil impulsada por la globalización. Desde entonces, poder y expansión lingüística andan juntos.
Para ser honesta, debo reconocer que en mi profesión he empleado vocablos del inglés, en temas informáticos, sin detenerme a buscar sinónimos en la lengua de Castilla. Existe una creencia bastante extendida a apreciar como cultos los individuos que permanentemente traen a mano algún vocablo en latín o francés. Así, a veces por esnobismo, por ingenuidad u otras razones, abrimos hendiduras por donde se entrometen algunas lenguas, hecho que para nada se relaciona con las influencias dables a todas por igual.
La nuestra tiene la bien ganada fama de ser rica, precisa, difícil para aprender e insuperable para cantar salsa o boleros. Además, se cuenta entre las más importantes del mundo por su número de hablantes, casi 400 millones, sólo superada por el chino, hindi e inglés. Y, no es secreto la manera en que se permeó del árabe en un proceso natural. Pocos iberoamericanos nos atreveríamos a prescindir hoy de términos tales como alcohol o alféizar.
Sin embargo, ante las medidas que se adoptan por parte de algunas academias para impedir el bilingüismo o la desaparición de hablas, resulta casi risible que Estados Unidos también tema, en su caso, compartir la lengua de Shakespeare con la de Cervantes como idiomas oficiales por el número creciente de inmigrantes latinos. Es de esa manera que insisten en la aprobación de leyes protectorales de la anglo, máxime ahora que saber español allí está de moda.
Lo antes expuesto no se contradice para nada conque "el tiempo lo cambia todo: no hay ninguna razón para que la lengua escape a esta ley universal", según expresara el lingüista suizo Ferdinand de Saussure. Y desde tiempos inmemoriales el habla nace, se transforma y muere con quienes lo emplean.
Esto significa que se adapta a las necesidades del hombre y se nutre de su devenir. De ahí que la lengua popular enriquezca al diccionario y no a la inversa. La palabra paladar, aportada por una telenovela brasileña, permitió a los cubanos tener tal término a mano para nombrar los pequeños restaurantes particulares. Mientras más ilustrada la persona, más apegada al diccionario y las normas. Es la gente común quien alimenta el decir.
El idioma forma parte de la identidad de los pueblos y de la diversidad de culturas. Por eso cuando sustituimos gratuitamente una frase autóctona por otra foránea, aunque de la misma lengua, dejamos morir una parte de la nuestra... de lo nuestro. Existen otras fórmulas para mostrar cultura.

1 comentario:

María Elena dijo...

Iris, me ha parecido muy interesante este trabajo. Gracias.