domingo, 8 de abril de 2012

Costumbres y mitos de los cubanos

En La Habana creen que en Cuba ya no se "soban" a las personas para eliminar el "empacho". Por si acaso hace falta referencias, se trata del acto de apretar los músculos gemelos una y otra vez, previo engrase de las manos de quien tiene el don, hasta eliminar esa bola que, según todos los creyentes de esta práctica, guarda una estrecha relación con la comida retenida y que impide la digestión. Algunos pacientes dicen que ciertos médicos lo sugieren cuando los niños tienen vómitos, inapetencia, tal vez diarrea y fiebre. La mayoría de los galenos hasta donde sé lo descartan o se mantienen indiferentes ante esa creencia popular. Los defensores aseguran que la base científica se encuentra en los puntos del cuerpo humano que al ser esimulados provocan determinado efecto, sostén de la medicina natural. Por eso escribí que en la capital cubana dan por eliminado el fenómeno y asociado con atraso, incultura, cosas del pasado prerrevolucionario. Pero, no es así. En muchas provincias de las regiones cubanas se aplica esta suerte de "acupuntura empírica" como si tal cosa, sin cuestionarse hasta dónde sí o no. Y, lo confieso, frente a ese cuadro clínico, mientras se determina el diagnóstico o por el anhelo de ver curado a un niño, la solución se busca en todas partes. Lo que sí podría asegurar es que ya no son tantas las personas seguidoras de "sobar", tal vez porque escasean quienes se atreven a hacerlo o porque la presencia especializada está al alcance de la mano. Creer en el empacho y en su solución es uno de los mitos enraizados entre los cubanos de varias generaciones. En cambio, uno de los que se asocian más con las supersticiones es el del "mal de ojo". Hay personas mayores que atestiguan daños causados a un bebé cuando alguien con "malos ojos" lo "celebra". Para esto, la solución se halla en prender de un alfiler unos ojitos de Santa Lucía, usar prendas rojas o un hilo d ese color anudado a la muñeca o al tobillo del pequeño.
Las abuelas también garantizan la certeza de lo que representa "coger sereno", es decir, esa brisa nocturna, que de no cubrirse la cabeza, puede originar resfriados, espasmos y sabe quién cuántos males más. Tal vez esta sea una de las tradiciones más cercanas a la desaparición, aunque la mayoría de las madres de niños pequeños los llevan cubiertos cuando le alcanza la noche fuera de casa. Claro, que con las costumbres noctámbulas de los jóvenes y menos jóvenes, estas sí se van quedando en el pasado o reservadas cada vez más para bebés.

1 comentario:

Marilú dijo...

Hola Neysi.
Estoy muy de acuerdo contigo, los ninos míos, que ya no lo son, muchas veces fueron "víctimas" de las manos de Albita, una senora vecina que siempre tuvo popularidad en cuanto a esta materia, y tuve mucha suerte con los dos, ya que cuando se sentían mal ellos mismos me pedían los llevara con ella, siempre los admiré porque entre tú y yo, no soporto esos apretones, me duelen mucho, jaja, pero es muy cierto que la mejoría cuando uno se siente muy mal es evidente cuando pasa un tiempito después del sobado. Por lo otro, yo fui siempre vieja, mis hijos nunca los dejé cogieran sereno... y cuando mis nietos nazcan si viven cerca de mí... pobrecitos de ellos
Besitosss
Luly